Cómo tienes tan poca vergüenza de venir y conquistar Roma reparando ruinas con un beso.
domingo, 13 de marzo de 2016
martes, 8 de marzo de 2016
Sigo recapitulándote en mi cabeza, ¿sabes?
Con miedo a pensar mucho por si lloro. No te gustan las despedidas,
pero yo sólo sé explicarme cuando escribo - y a veces ni eso -.
Ha sido un cuento bonito con un aterrizaje la mar de forzoso,
los pasajeros no han salido con vida.
Pero me ha encantado el viaje y puede que haya valido la pena la muerte.
Te juro que pensé que sería tu cara la que vería en mis hijos.
Te juro que más de una vez he deseado morirme antes que dormir lejos de ti.
Te juro que he luchado como no he luchado por nada en mi vida.
Y te juro que si encuentras a una persona que te quiera como yo, te daré en seguida mi bendición y me alegraré por ti, porque te lo mereces.
Pero ojalá que no.
A veces he llegado a pensar que después de todo la vida no era tan hija de puta. Que cuando estabas a mi lado todo era dulce, y entendía las metáforas de "la vida en rosa". Porque el rosa es un color dulce y tú eras el mejor azúcar. Y pensaba, "ya puede joderme la vida con todo, que a su lado todo estará bien". Pero un día me desperté y tú ya no estabas. No estaba tu manera de hablar, de andar, ni siquiera tu sonrisa. Me trataste de convencer, "soy el mismo". Pero sabía que no. Me juraste mejorar, "me encontraré y todo estará bien". Pero sabía que no.
Tengo que confesarte una cosa: He sido una egoísta.
En aquella bañera supe que nada sería como antes. Que era una crónica de una muerte anunciada.
Saliste de la habitación a por fuego. Yo me puse a llorar. No tenía ni puta idea de quién eras, no tenía ni puta idea de a quién abracé antes de subir al coche. Recuperé la compostura, encendiste las velas. Y pensé que prefería engañarme y abrazarme a tu cadáver aunque la persona de su interior no fuera la persona de la que me enamoré. Y tapé mi dolor con risas y bromas. De ahí la expresión "no sé si reír o llorar". Te dije que ya no daría más oportunidades, y por dentro me moría.
Estoy muerta por dentro.
Te he querido hasta el punto de mecerte como una madre, consolarte como una hermana y amarte como una esposa. He intentado ser todo lo que pedías, he intentado hacerte mejor persona y serlo yo a tu lado. Te puse algodón en las rodillas para cuando cayeras, te até las manos a mis muñecas para levantarte antes de fallar. Y ahora veo que todo lo fuerte que yo fui un día, lo eres tú. Me enorgullezco, y me muero de miedo.
Ahora de dónde saco yo la fuerza...
¿Te puedo pedir un favor?
Dime que no me quieres hasta que me lo crea.
Con miedo a pensar mucho por si lloro. No te gustan las despedidas,
pero yo sólo sé explicarme cuando escribo - y a veces ni eso -.
Ha sido un cuento bonito con un aterrizaje la mar de forzoso,
los pasajeros no han salido con vida.
Pero me ha encantado el viaje y puede que haya valido la pena la muerte.
Te juro que pensé que sería tu cara la que vería en mis hijos.
Te juro que más de una vez he deseado morirme antes que dormir lejos de ti.
Te juro que he luchado como no he luchado por nada en mi vida.
Y te juro que si encuentras a una persona que te quiera como yo, te daré en seguida mi bendición y me alegraré por ti, porque te lo mereces.
Pero ojalá que no.
A veces he llegado a pensar que después de todo la vida no era tan hija de puta. Que cuando estabas a mi lado todo era dulce, y entendía las metáforas de "la vida en rosa". Porque el rosa es un color dulce y tú eras el mejor azúcar. Y pensaba, "ya puede joderme la vida con todo, que a su lado todo estará bien". Pero un día me desperté y tú ya no estabas. No estaba tu manera de hablar, de andar, ni siquiera tu sonrisa. Me trataste de convencer, "soy el mismo". Pero sabía que no. Me juraste mejorar, "me encontraré y todo estará bien". Pero sabía que no.
Tengo que confesarte una cosa: He sido una egoísta.
En aquella bañera supe que nada sería como antes. Que era una crónica de una muerte anunciada.
Saliste de la habitación a por fuego. Yo me puse a llorar. No tenía ni puta idea de quién eras, no tenía ni puta idea de a quién abracé antes de subir al coche. Recuperé la compostura, encendiste las velas. Y pensé que prefería engañarme y abrazarme a tu cadáver aunque la persona de su interior no fuera la persona de la que me enamoré. Y tapé mi dolor con risas y bromas. De ahí la expresión "no sé si reír o llorar". Te dije que ya no daría más oportunidades, y por dentro me moría.
Estoy muerta por dentro.
Te he querido hasta el punto de mecerte como una madre, consolarte como una hermana y amarte como una esposa. He intentado ser todo lo que pedías, he intentado hacerte mejor persona y serlo yo a tu lado. Te puse algodón en las rodillas para cuando cayeras, te até las manos a mis muñecas para levantarte antes de fallar. Y ahora veo que todo lo fuerte que yo fui un día, lo eres tú. Me enorgullezco, y me muero de miedo.
Ahora de dónde saco yo la fuerza...
¿Te puedo pedir un favor?
Dime que no me quieres hasta que me lo crea.
Ol(vida)
No sé si me perdí entre tus zapatos de gigante o tus pasos de tortuga.
No sé en qué punto de la marea me dejé arrastrar con la corriente, ni en qué pesadilla me dejé asesinar por el cruel Señor del Saco.
No sé en qué isla dejé de ser una niña perdida de Peter Pan,
no sé cuál fue la razón de quemarme las alas si no estaba cerca,
apenas,
del sol.
Es extraño que en estas situaciones sólo me calme La Sonrisa de Julia,
-y sonreirá ella, porque desde luego yo no sé-.
Ya que no existe chispa, ganas o placer
por lo menos el universo podría premiarme por mi paciencia y arrancarme el corazón,
y no sentirte
más.
Y lo peor es que aunque me jurases amor eterno,
me se de carrerilla la lección.
Y sé que se puede domesticar al corazón
y aunque este tenga memoria, también puede olvidar.
Algún día me curaré.
Algún día...
No sé en qué punto de la marea me dejé arrastrar con la corriente, ni en qué pesadilla me dejé asesinar por el cruel Señor del Saco.
No sé en qué isla dejé de ser una niña perdida de Peter Pan,
no sé cuál fue la razón de quemarme las alas si no estaba cerca,
apenas,
del sol.
Es extraño que en estas situaciones sólo me calme La Sonrisa de Julia,
-y sonreirá ella, porque desde luego yo no sé-.
Ya que no existe chispa, ganas o placer
por lo menos el universo podría premiarme por mi paciencia y arrancarme el corazón,
y no sentirte
más.
Y lo peor es que aunque me jurases amor eterno,
me se de carrerilla la lección.
Y sé que se puede domesticar al corazón
y aunque este tenga memoria, también puede olvidar.
Algún día me curaré.
Algún día...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
